Cartas literarias a una mujer becquer pdf
Nuestro conocimiento slo databa de algunos meses; era verano y nos hallbamos en Cdiz. El rigor de la estacin no nos permita pasear sino al amanecer o durante la noche. Un da La Naturaleza comenzaba entonces a salir de su letargo con un sordo murmullo.
Todo a nuestro alrededor estaba en suspenso y como aguardando una seal misteriosa para prorrumpir en el gigante himno de alegra de la creacin que despierta. Nosotros, desde lo alto de la fortsima muralla que cie y defiende la ciudad, y a cuyos pies se rompen las olas con un gemido, contemplbamos con avidez el solemne espectculo que se ofreca a nuestros ojos.
Los dos guardbamos un silencio profundo, y, no obstante, los dos pensbamos una misma cosa. T formulaste mi pensamiento al decirme: Qu es el sol? En aquel momento, el astro, cuyo disco comenzaba a chispear en el lmite del horizonte, rompi el seno de los mares. Sus rayos se tendieron rapidsimos sobre su. En las crestas de las olas, en los ribetes de las nubes, en los muros de la ciudad, en el vapor de la maana, sobre nuestras cabezas, a nuestros pies, en todas partes, arda la pura lumbre del astro y flotaba una atmsfera luminosa y transparente, en la que nadaban encendidos los tomos del aire.
Tus palabras resonaban an en mi odo. Qu es el sol? Yo ignoraba la definicin cientfica con que pude responder a tu pregunta; pero, de todos modos, en aquel instante solemne estoy seguro de que no te hubiera satisfecho.
Sobre nada se han dado tantas como sobre las cosas indefinibles. La razn es muy sencilla: ninguna de ellas satisface, ninguna es exacta, por lo cual cada cual se cree con derecho para formular la suya.
Qu es el amor? Con esa frase conclu mi carta de ayer, y con ella he comenzado la de hoy. Nada me sera ms fcil que resolver, con el apoyo de una autoridad esta cuestin que yo mismo me propuse al decirte que es la fuente del sentimiento. Llenos estn los libros de definiciones sobre este punto. Las hay en griego y en - 14 -. Yo he ledo algunas y me he hecho traducir otras.
Despus de conocerlas casi todas, he puesto la mano sobre mi corazn, he consultado mis sentimientos y no he podido menos de repetir con Hamlet: Palabras, palabras, palabras! Por eso he credo ms oportuno recordarte una escena pasada que tiene alguna analoga con nuestra situacin presente, y decirte ahora como entonces: -Quieres saber lo que es el amor?
Recgete dentro de ti misma, y si es verdad lo que abrigas en tu alma, sintelo y lo comprenders, pero no me lo preguntes. Yo slo te podr decir que l es la suprema ley del universo; ley misteriosa por la que todo se gobierna y rige, desde el tomo inanimado hasta la criatura racional; que de l parte y a l convergen, como a un centro de irresistible atraccin, todas nuestras ideas y acciones; que est, aunque oculto, en el fondo de toda cosa y efecto de una primera causa: Dios es, a su vez, origen de esos mil pensamientos desconocidos, que todos ellos son poesa verdadera y espontnea que la mujer no sabe formular, pero que siente y comprende mejor que nosotros.
Que poesa es, y no otra cosa, esa aspiracin melanclica y vaga que agita tu espritu con el deseo de una perfeccin imposible. Poesa, esas lgrimas involuntarias que tiemblan un instante en tus prpados, se desprenden en silencio, ruedan y se evaporan como un perfume.
Poesa, el gozo improviso que ilumina tus facciones con una sonrisa suave, y cuya oculta causa ignoras dnde est. Poesa son, por ltimo, todos esos fenmenos inexplicables que modifican el alma de la mujer cuando despierta al sentimiento y la pasin. Dulces palabras que brotis del corazn, asomis al labio y mors sin resonar apenas, mientras que el rubor enciende las mejillas! Murmullos extraos de la noche, que imitis los pasos del amante que se espera! Gemidos del viento, que fings una voz querida que nos llama entre las sombras!
Imgenes confusas, que pasis cantando una cancin sin ritmo ni palabras, que slo percibe y entiende el espritu! Febriles exaltaciones de la pasin, que dais colores y formas a las ideas ms abstractas! Presentimientos incomprensibles, que iluminis como un relmpago nuestro porvenir! Espacios sin lmites, que os abrs ante los ojos del alma, vida de inmensidad, y la arrastris a vuestro seno, y la saciis de infinito!
Sonrisas, lgrimas, suspiros y deseos, que formis el misterioso cortejo del amor! Vosotros sois la poesa, la verdadera poesa que puede encontrar un eco, producir una sensacin o despertar una idea! Y todo este tesoro inagotable de sentimiento, todo este animado poema de esperanzas y de abnegaciones, de sueos y de tristezas, de alegras y lgrimas, donde cada sensacin es una estrofa, y cada pasin, un canto, todo est contenido en vuestro corazn de mujer. Un escritor francs ha dicho, juzgando a un msico ya clebre, el autor de Tannhauser: Es un hombre de talento, que hace todo lo posible por disimularlo, pero que a veces no lo puede conseguir y, a su pesar, lo demuestra.
Respecto a la poesa de vuestras almas, puede decirse lo mismo. Pero, qu! No te incomodes Sabes de una vez y para siempre que, tal como os manifestis, yo creo, y conmigo lo creen todos, que las mujeres son la poesa del mundo.
Dos cosas semejantes a una tercera son iguales entre s. He aqu un axioma que deba ahorrarme el trabajo de escribir una nueva carta. Sin embargo, yo mismo conozco que esta conclusin matemtica, que en efecto lo parece, as puede ser una verdad como un sofisma.
La lgica sabe fraguar razonamientos inatacables que, a pesar de todo, no convencen. Con tanta facilidad se sacan deducciones precisas de una base falsa! En cambio, la conviccin ntima suele persuadir, aunque en el mtodo del raciocinio reine el mayor desorden. Tan irresistible es el acento de la fe!
La religin es amor y, porque es amor, es poesa. He aqu el tema que me he propuesto desenvolver hoy. Al tratar un asunto tan grande en tan corto espacio y con tan escasa ciencia como la de que yo dispongo, slo me anima una esperanza. Si para persuadir basta creer, yo siento lo que escribo. Hace ya mucho tiempo - yo no te conoca y con esto excuso el decir que an no haba amado -, sent en mi interior un fenmeno inexplicable. Sent, no dir un vaco, porque sobre ser vulgar, no es sta la frase propia; sent en mi alma y en todo mi ser como una plenitud de vida, como un desbordamiento de actividad moral que, no encontrando objeto en qu emplearse, se elevaba en forma de ensueos y fantasas, ensueos y fantasas en los cuales buscaba en vano la expansin, estando como estaban dentro de m mismo.
Tapa y coloca al fuego un vaso con un lquido cualquiera. El vapor, con un ronco hervidero, se desprende del fondo, y sube, y pugna por salir, y vuelve a caer deshecho en menudas gotas, y torna a elevarse, y torna a deshacerse, hasta que al cabo estalla comprimido y quiebra la crcel que lo detiene. Estaba en Toledo, la ciudad sombra y melanclica por excelencia.
All cada lugar recuerda una historia, cada piedra un siglo, cada monumento una civilizacin; historias, siglos y civilizaciones que han pasado y cuyos actores tal vez son ahora el polvo oscuro que arrastra el viento en remolinos, al silbar en sus estrechas y tortuosas calles. Sin embargo, por un contraste maravilloso, all donde todo parece muerto, donde no se ven ms que ruinas, donde slo se tropieza con rotas columnas y destrozados capiteles, mudos sarcasmos de la loca aspiracin del hombre a - 18 -.
Un da entr en el antiguo convento de San Juan de los Reyes. Me sent en una de las piedras de su ruinoso claustro y me puse a dibujar. El cuadro que se ofreca a mis ojos era magnfico.
Largas hileras de pilares que sustentan una bveda cruzada de mil y mil crestones caprichosos; anchas ojivas caladas, como los encajes de un rostrillo; ricos doseletes de granito con caireles de yedra que suben por entre las labores, como afrentando a las naturales; ligeras creaciones del cincel que parecen han de agitarse al soplo del viento; estatuas vestidas de luengos paos que flotan, como al andar; caprichos fantsticos, gnomos, hipogrifos, dragones y reptiles sin nmero que ya asoman por cima de un capitel, ya corren por las cornisas, se enroscan en las columnas, o trepan babeando por el tronco de las guirnaldas de trbol; galeras que se prolongan y que se pierden, rboles que inclinan sus ramas sobre una fuente, flores risueas, pjaros bulliciosos formando contraste con las tristes ruinas y las calladas naves, y por ltimo, el cielo, un pedazo de cielo azul que se ve ms all de las crestas de pizarra de los miradores a travs de los calados de un rosetn.
En tu lbum tienes mi dibujo; una reproduccin plida, imperfecta, ligersima, de aquel lugar, pero que no obstante puede darte una idea de su melanclica hermosura.
No ensayar, pues, describrtela con palabras, intiles tantas veces. Sentado, como te dije, en una de las rotas piedras, trabaj en l toda la maana, torn a emprender mi tarea a la tarde, y permanec absorto en mi ocupacin hasta que.
Entonces, dejando a un lado el lpiz y la cartera, tend una mirada por el fondo de las solitarias galeras y me abandon a mis pensamientos. El sol haba desaparecido. Slo turbaban el alto silencio de aquellas ruinas el montono rumor del agua de la fuente, el trmulo murmullo del viento que suspiraba en los claustros, y el temeroso y confuso rumor de las hojas de los rboles que parecan hablar entre s en voz baja.
Mis deseos comenzaron a hervir y a levantarse en vapor de fantasas. Busqu a mi lado una mujer, una persona a quien comunicar mis sensaciones. Estaba solo. Entonces me acord de esta verdad que haba ledo en no s qu autor: La soledad es muy hermosa No haba an concluido de repetir esta frase clebre, cuando me pareci ver levantarse a mi lado y de entre las sombras una figura ideal, cubierta con una tnica flotante y ceida la frente de una aureola.
Era una de las estatuas del claustro derruido, una escultura que, arrancada de su pedestal y arrimada al muro en que me haba recostado, yaca all, cubierta de polvo y medio escondida entre el follaje, junto a la rota losa de un sepulcro y el capitel de una columna. Ms all, a lo lejos y veladas por las penumbras y la oscuridad de las extensas bvedas, se distinguan confusamente algunas otras imgenes: vrgenes con sus palmas y sus nimbos, monjes con sus bculos y sus capuchas, eremitas con sus libros y sus cruces, mrtires con sus emblemas y sus aureolas, toda una generacin de granito, silenciosa e inmvil, pero en cuyos rostros haba grabado el cincel la huella del ascetismo y una expresin de beatitud y serenidad inefables.
He aqu, exclam, un mundo de piedra: fantasmas inanimados de otros seres que han existido y cuya memoria leg a las pocas venideras un siglo de entusiasmo y de fe. Vrgenes solitarias, austeros cenobitas, mrtires esforzados que, como yo, vivieron sin amores ni placeres; que, como yo, arrastraron una existencia oscura y miserable, solos con sus pensamientos y el ardiente corazn inerte bajo el sayal, como un cadver en su sepulcro.
Volv a fijarme en aquellas facciones angulosas y expresivas; volv a examinar aquellas figuras secas, altas, espirituales y serenas, y prosegu diciendo: Es posible que hayis vivido sin pasiones, ni temor, ni esperanzas, ni deseos?
Quin ha recogido las emanaciones de amor que, como un aroma, se desprenderan de vuestras almas? Quin ha saciado la sed de ternura que abrasara vuestros pechos en la juventud?
Qu espacios sin lmites se abrieron a los ojos de vuestros espritus, vidos de inmensidad, al despertarse al sentimiento?
La noche haba cerrado poco a poco. A la dudosa claridad del crepsculo haba sustituido una luz tibia y azul; la luz de la luna que, velada un instante por los oscuros chapiteles de la torre, ba en aquel momento con un rayo plateado los pilares de la desierta galera.
Entonces repar que todas aquellas figuras, cuyas largas sombras se proyectaban en los muros y en el pavimento, cuyas flotantes ropas parecan moverse, en cuyas demacradas facciones brillaba una expresin de indescriptible, santo y sereno gozo, tenan sus pupilas sin luz, vueltas al cielo, como si el escultor quisiera semejar que sus miradas se perdan en el infinito buscando a Dios.
A Dios, foco eterno y ardiente de hermosura, al que se vuelve con los ojos, como a un polo de amor, el sentimiento de la tierra. El Contemporneo - 21 -. Cerrar sugerencias Buscar Buscar. Saltar el carrusel. Carrusel anterior. Carrusel siguiente. Explora Audiolibros. Explora Revistas. Explora Podcasts Todos los podcasts. Dificultad Principiante Intermedio Avanzado. Explora Documentos. Cargado por Princess Serenity.
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Cartas literarias a una mujer. Laia Santmarti. A short summary of this paper. Download Download PDF. Translate PDF. Te equivocas. Tanto peor para los dos. No te asustes. Erudito, sospecho que tampoco. El que la siente se apodera de una idea, la envuelve en una forma, la arroja en el estadio del saber y pasa. Antes de ahora te lo he dicho. No importa. El genio verdadero tiene algunos atributos extraordinarios que Balzac llama femeninos y que efectivamente lo son.
Su manera de sentir tiene tantos puntos de contacto. Por eso la escribe. Tampoco debe maravillarte. El amor es un misterio.